” El Gobierno Nacional convocará a los medios de comunicación para que de manera concertada establezcan acuerdos de autorregulación orientados a atenuar el impacto de las acciones terroristas en la opinión pública” *
La política de defensa y seguridad democrática del actual gobierno , es un plan bélico contra la insurgencia guerrillera, el cual pretende doblegar y someter mediante la economía de guerra y el fortalecimiento militar con tecnologías de punta.
Plantea que existe la necesidad de fortalecer las actividades y presencia de los órganos de seguridad a lo largo del territorio nacional, y que al mismo tiempo debe ser la sociedad y no sólo los órganos de seguridad quienes deben colaborar para obtener un éxito militar satisfactorio frente a los grupos armados al margen de la ley, que lleve a la desmovilización o rendición de sus miembros.
Dicha política es una versión de la política de seguridad nacional bajo otro nombre. En ese sentido, la política de seguridad democrática tiene antecedentes en las políticas de seguridad nacional promovidas en América Latina en las décadas de 1970 y 1980 ante la amenaza comunista, como el “Plan Lazo”, diseñado en 1964 para alcanzar la pacificación del país; el “Plan Andes” que en 1968 contemplaba tres etapas en la guerra contra-guerrillera; el Manual Provisional para el Planeamiento de la Seguridad Nacional (1974); la “Estrategia Nacional contra la Violencia de Cesar Gaviria (1991); y el Plan Colombia de Andrés Pastrana, que ha propiciado la mayor injerencia militar extranjera en la historia nacional (1998), con una inversión militar norteamericana cercana a los 2100 millones de dólares en el periodo 1998-2023.
La lectura del documento gubernamental descubre otra agenda de confrontación de las Fuerzas Armadas, que tiene una sesgada visión del conflicto nacional.
La “seguridad democrática” del gobierno de Álvaro Uribe contempla en su diseño los siguientes aspectos:
i) Unos principios; ii) Los intereses nacionales; iii) Las amenazas; iv) Los objetivos estratégicos; v) Los instrumentos; y vi) El plan de seguridad que concreta la esencia de sus propósitos: tres billones de presupuesto adicional para la guerra con el impuesto del 1,2% sobre el patrimonio, la red de un millón de cooperantes encargada del espionaje a los ciudadanos, las Zonas de Rehabilitación, las cuatro nuevas brigadas móviles, los batallones de alta montaña, los soldados campesinos, los doce grupos de anti-terrorismo urbano y los sofisticados equipos militares como los localizadores y rastreadores satelitales.
El proyecto de seguridad democrática ha conseguido diversos logros entre los que se encuentra el rescate de 15 secuestrados en la Operación Jaque, que se encontraban en poder de las FARC, entre estos 11
soldados, 3 contratistas estadounidenses e Ingrid Betancourt. Al igual que ha llegado a golpear dicha organización afectando a varios miembros del secretariado de las FARC entre ellos está el fallecimiento de “Raúl Reyes” en la controvertida Operación Fénix y el asesinato de “Iván Ríos” a manos de un subordinado a quien el gobierno pagó una recompensa. Igualmente se han desmovilizado varios miembros rasos de las FARC e incluso algunos comandantes como lo fue el caso de alias “Karina” quien se entregó en mayo de 2008.
Este programa militar incluye una conceptualización errónea, del papel de las Fuerzas Armadas que a la larga es lo que está llevando a la “guerra total”, que combina la doctrina de la guerra de baja intensidad en lo social con estrategias de guerra en lo convencional cuando, como en este último caso, vemos el surgimiento, a partir del aparente golpe a las Farc, de guerras no convencionales o nuevas guerras, obstante nuestros asesores en materia de defensa, que no excluyen, por efecto de una interpretación laxa que se hace de conceptos que deberían ser sólidos y de decodificación diferencial muy rígida y claramente definida como “crimen organizado”, “guerrilla” y “terrorismo”, la construcción de entes de naturaleza jurídica dudosa y de mandato incierto como la red del millón de informantes para combatir el “terrorismo” (es decir, todo aquel enemigo del Gobierno, de acuerdo con su politica se seguridad), que no sirven frente a la presencia de nuevos estilos estratégicos, en el marco de la difusión global de avanzadas tecnologías, como los swarming o sistemas de combate en enjambre basados en el uso de pequeñas unidades autónomas, previstas de gran poder de fuego, un buen entrenamiento e información en tiempo real.
De ugarte en su libro 11M, Redes para ganar una guerra, nos explica que existe una multiplicidad de agentes que actúan autónomamente,usando las redes para coordinarse, donde el conflicto es «multicanal», dandose en muchos frentes, emergiendo del aparente caos un «orden espontáneo» (el swarming) que resulta letal para los viejos elefantes organizativos.
Esta coordinación no requiere en la mayoría de los casos ni siquiera una dirección consciente o una dirección centralizada. Al contrario, como señalaba el propio profesor Arquilla: la identidad de red, la doctrina común es tan importante como la tecnología. La guerra en la sociedad red, la netwar, es una guerra de corso, en la que pequeñas unidades «ya saben lo que tienen que hacer» y saben que tienen que comunicarse entre sí no para preparar la acción sino sólo a consecuencia de ella. La definición de los sujetos en conflicto, lo implícito, es más importante en este tipo de enfrentamiento que lo explícito (los planes o estrategias de combate).
Esto representa un cambio frente a las concepciones militares basadas en despliegues masivos de capacidad artillera, armamento blindado, grandes concentraciones de tropas y organización del ejercito en cuerpos, divisiones, brigadas y batallones de gran envergadura como los de montaña, francamente inútiles
Para vencer a una estrategia de swarming, de conflicto simultáneo y autoorganizado en todos los frentes, sólo cabe reorganizarse reticularmente y mejorar la propia capacidad informacional: hacer swarming defensivo, como el británico durante «La batalla de Inglaterra». Por eso es un error dramático aumentar la centralización y el control de los individuos: la única consecuencia real es debilitar la propia capacidad para formar redes espontáneas en el bando propio sin mermar las del contrario.
Fuentes:
* [Ver página de la Presidencia de la República de Colombia, Bases para el Plan de Desarrollo, Capitulo I, Brindar seguridad democrática.]
De Ugarte libro 11M, redes para ganar una guerra //www.lasindias.com/informes/11m.pdf
Arquilla, http://www.rand.org/pubs/documented_briefings/2005/RAND_DB311.pdf http://www.rand.org/pubs/monograph_reports/MR880/
Castells, Manuel, La Galaxia Internet, p.184, Plaza y Janés Editores, S.A., Barcelona, 2001
“Una emblemática guerrillera de las FARC se entrega en Colombia”, Agence France-Presse, 18-05-2008.

